
Por doña Cocoroca.

Por fin las vacaciones de septiembre llegaban y me propuse viajar a a Arica. Me esperaban 28 horas de suplicio en un incómodo asiento de bus semicama (que de cama no tiene nada).
Crucé los dedos para que mi acompañante no fuera alguien demasiado conversador. Soy buena conversadora, pero en una ocasión me tocó una viejita que habló por más de 8 horas seguidas, mientras yo intentaba mantener los ojos abiertos. Me daba pena dejarla hablando sola, y también me daba pena decirle "cállese un rato y déjeme dormir por amorcito de Dios"... fue una verdadera tortura.
Derrepente un gringo regio se acerca, casi se me corta la respiración, pero pasó de largo a otro asiento...buuu
Ojalá que el que se siente aquí no ronque, pensaba recordando otro episodio donde un señor gordito me roncó al oído toda la noche. Y también se tiraba pedos. No hay peor cosa que sentir el aliento y los peos de gente que una no conoce.
Finalmente el bus partió y el asiento del lado permaneció vacío. Que alivio, dije.
Cuando todo parecía fantástico, el bus se detuvo aun sin haber salido de la ciudad, era una calle chica. Comenzó a subir gente que no se porqué tomaba el bus ahí y no en el terminal.
De pronto alguien se sentó a mi lado, era un tipo con olor a alcohol convertido en sudor, que horror!! Tenía pinta de desaseado. Ojalá que no me hable, pensé. Por suerte se durmió en el acto, aunque para mi mal, su cabeza colgaba y se posaba en mi hombro. Miré hacia la ventana y conté estrellas.
Al día siguiente desperté y miré por la ventana un paisaje desértico. Mientras pasaban las horas aumentaba el calor y comenzó a brotar un olor intenso a mortadela. No sé porque razón cada vez que viajo en bus sale ese olor típico a mortadela. Pedí al auxiliar abriera la pequeña ventana del techo, pero la señora del asiento de atrás se quejó de que le entraba mucho aire. Solo me quedó empapar un pañuelo con colonia y olerlo de vez en cuando.
Junto a la señora iba un niño que se entretuvo todo el camino pegando patadas en mi respaldo, pobres mis riñones.
El bus paró unos escasos minutos para recargar bencina y subir alimentos. En ese momento todos se bajaron como desesperados y corrieron al baño de la pequeña bencinera. Se pagaba 200 pesos. Revisé mi monedero y solo tenía billetes. Fui como loca al restaurante del lado, a comprar cualquier cosa para que me dieran sencillo. Había una interminable fila de gente esperando ser atendida. Por fin tocó mi turno, compré un pote de yogurt. Me dirigí a toda velocidad al baño pero en el trayecto oí al auxiliar gritando que el bus se estaba yendo. Cagué, pensé. Lo que no sabía era que este pensamiento se haría realidad.
Si, porque al cabo de una hora mi intestino comenzó a dar señales de alarma. Me paré discretamente al minúsculo baño del bus, que olía intensamente a orina. Depronto algo me dejó paralizada. Un letrero en la puerta señala "Baño solo para orinar"...horror!!! Y ahora que cresta hago...tenía que decidir pronto pues no me quedaba mucho tiempo.
Volví a mi asiento, tomé el pote de yogurt y lo eché en mi cartera junto con el confort. Entré al baño, vacié el pote de yogurt..... y lo que pasó posteriormente fue impresionante. No me pregunten como lo logré, pero evacué mis necesidades en ese ínfimo pote de yogurt. No se como pude apuntarle pero quedó como un perfecto budín de manjar.
Ahora como me deshago de esto, dije. En este pensamiento estaba cuando vi una ventanilla y la abrí. Tiré el pote afuera mientras el bus obviamente seguía andando. "Que me perdone la madre tierra por esta contaminación", decía estas palabras mientras un automóvil que viajaba detrás del bus recibía sorpresivamente en su parabrisas el pote de yogurt, me lavé las manos y salí corriendo a sentarme a mi puesto.
















jajajajaja
esto solo puede pasarle a alguién que viaja a Arica en bus con frecuencia.
deberías advertir (No se lea si se esta comiendo)
Tiernecita
querida tiernecita
creo que la solución para este tipo de situaciones es viajar en avión o con una caja de zapatos. Ja.
Cariños: Doña Cocoroca