
Por la Gordis

Mi marido es un hombre amable, bondadoso, culto e inteligente como me gustan los hombres, lo amo enormemente, pero tiene un gran defecto que rompe toda nuestra armonía, es un cachurero empedernido.
Hijo único, heredó cuanto mueble, libro, adorno y utensilio hay de los padres, en casa cada objeto está cargado sentimentalmente, cada cosa tiene un simbolismo. Y si no lo tiene entonces ese objeto de todas maneras es necesario, ya que puede servir más adelante, o se puede reparar (obviamente nunca se repara).
La vida moderna nos ha obligado, sobretodo a los Santiaguinos, a vivir en pequeños departamentos que apenas soportan los muebles básicos, imagínense que difícil es compatibilizar la falta de espacio y el número masivo de objetos.
Sea como sea, mi esposo me tiene hasta la coronilla, tiene una pila de 30 jeans rotos que dice que algún día va a arreglar (lo divertido es que sale más caro arreglarlos que comprarlos nuevos). Ok, es una actitud ecológica la reutilización y el reciclaje, pero bueno, entonces que se decida y los arregle. Soy yo la que le guarda la ropa en el closet, y ni se imaginan cómo me quemo los sesos pensando como diablos hacer caber todo junto en el armario.
Nos compramos un computador nuevo más pequeño para que ocupara menos espacio, un mini mac con pantalla plana, pues bien, guardó igualmente el Pc con el enorme monitor por si acaso. Y asi veo con horror como la pieza de los alojados se va convirtiendo lentamente en otra más de sus bodegas de cachureos. Aquella hermosa pieza que decoramos con tanto amor y que pintamos juntos para cuando nuestra bebé creciera y se fuera a su pieza, cosa que sucederá dentro de poco.
Compró 5 pequeñas bodegas en el edificio, cada una es un verdadero puzzle donde los objetos calzan justito, no cabe ni un alfiler....y les aseguro que si se vendiera todo alcanzaría apenas para comprarse un par de zapatos. Hay tablas de madera, piezas de auto, etc.
Creo que me quedan tres alternativas:
1. Me entrego y me uno a su desorden y acumulación compulsiva de cosas.
2. Le explico día a día que las cosas ya no caben y me convierto en una bruja que no lo deja ser.
3. Trato de convencerlo de vender este departamento e irnos a vivir a una parcela donde puede tener todos sus cachibaches (este trabajo de convencimiento puede igualmente convertirme en bruja)
¿Hay alguna otra salida?














Que dificil...Yo soy asi, pero ...
Que dificil...
Yo soy asi, pero me avivé uno de los dormitorios de la casa nueva, aun cuando era nueva lo llamé elegantemente "taller", ya no es dormitorio, si no taller. Se llena de cosas en un orden que yo no más entiendo, a diferencia de tu marido los mios (cachureos) valen algo mas que un par de zapatos (tal vez dos).
A ver... yo creo que la opcion 3 es la mas saludable, pues se le puede convencer muy lenta pero firmemente que una parcela incluso es mas adecuada para el apocalipsis zombie, el 2012, o algun fin del mundo extraño y hollywoodense, donde sus valiosos cachureos serviran para mas de algo... leña tal vez en caso de emergencia...
En todo caso si te conviertes en bruja, tengo un dato de liquidacion de escobas...
Saludos
Hola estimado Sergio
yo también estoy pensando que la alternativa 3 es la mejor de todas, y quien sabe si algún día nos sirven los cachureos (como dices, el año 2012 tal vez pase algo, uyyy) y voy a tragarme las palabras, jeje.
Saludos amistosos.