Por Cara de Ardilla

Las Lunarias generalmente tenemos cuotas de picardía y/o humor para escribir nuestros artículos, pero en esta ocasión he querido tocar un tema bastante profundo al cual busqué y no pude verle ninguna arista chistosa para amenizar. Es algo que me afecta mucho.
Sabemos que la vida de la mujer ya no se resume a tener y criar hijos y ser una buena dueña de casa. Hemos podido mostrar y alimentar todas nuestras capacidades intelectuales y creativas, la mujer es parte fundamental en todo aspecto de una sociedad. Estamos orgullosas de nuestro desarrollo profesional y laboral.
Sin embargo desde que fui madre hay algo de todo esto que me incomoda, siento que nos hemos ido de un extremo al otro.
Los hijos necesitan de sus madres desde que el mundo es mundo, de su dedicación y cuidados no solo físicos sino afectivos. Sobretodo en los primeros años de vida, su presencia es lo que le da seguridad y autoestima, nadie mejor que una mamá puede ocuparse de sus hijos, es la naturaleza.

Veo y experimento que se nos hace cada vez más difícil compatibilizar la maternidad y lo profesional (a las que hemos decidido ser madres).
Debemos validarnos ante los demás a través de nuestros proyectos y competencias laborales, hoy en día parece inconcebible que una quiera dedicarse por un tiempo sólo a criar a sus hijos, demuestra poca ambición, casi poca inteligencia: " si total después los hijos crecen, hacen su vida, y una es la que queda sin una posición profesional y económica consolidada, dependiente del marido porque ya nadie te quiere contratar".

Muchas personas creen que porque una quiere ser mamá tiempo completo, es machista, se quedó en el pasado, es una floja que solo quiere quedarse en casa, o una mujer que quiere que la mantengan. Para ellos las guaguas debieran quedarse con una nana, un familiar, o en una sala cuna, así son los tiempos actuales.
Hay mujeres a quienes les acomoda esta forma actual y están en su derecho, no quieren perderse la oportunidad de tener hijos pero no van a sacrificar por nada ni nadie su vida profesional, o quizás simplemente no sienten esa vocación para estar todo el día con un bebé o niño chico, no tienen paciencia ni las ganas.
También hay parejas que no tienen opción, ambos padres deben trabajar pues con un sueldo no alcanza.
Sin embargo hay muchos otros casos en donde si es posible optar en pareja por la decisión de apretarse un poco más el cinturón y vivir sin muchas comodidades o lujos, y postergar la vida profesional por algún tiempo, para que la madre (o el padre en algunos casos) se dedique a criar a sus hijos con gusto y por amor. En mi posición, esto es un acto de desprendimiento, de generosidad, de falta de egoísmo, y que es poco valorado y comprendido por la sociedad.

No saben cuantas madres conozco que vuelven a sus trabajos llorando porque deben separarse de sus hijos justo en la etapa donde están interactuando más, y cuando se ha creado una relación de apego que es crucial para el desarrollo y la seguridad del niño. Sentimos que vamos en contra de nuestra propia naturaleza y que la sociedad nos arrastra hacia allá. Nos preguntan ¿y cuando vuelves a trabajar? y cuando nos mostramos apenadas nos responden "Bueno, así es la vida, es lo que hay que hacer, la vida continúa".
Cuando me preguntan ¿que estas haciendo? y les respondo "Soy mamá", al principio la gente queda como descolocada. Incluso algunos dicen "ya, y qué más?"
Estuve leyendo un interesantísimo blog (más abajo van algunos links), y voy a extraer un fragmento que considero super significativo:
"Por 25 años, Marta Montaldo fue la dueña y directora de una sala cuna y jardín infantil del barrio alto. Pasaron más de 2 mil niños por sus manos. Y no hubo ninguno de ellos de los cuales no supiera su nombre, su historia, quiénes eran sus padres, qué problemas tenían y qué los hacía reír.
Esta educadora de párvulos de la Universidad de Chile, se entregó por entero a lo que considera una de las pasiones de su vida: ver a los pequeños desarrollarse felices. Por eso repletó su establecimiento de colchonetas, salas espaciosas, mobiliario de calidad, luces, juguetes ymúsica. Como veía que los bebés requerían tanta atención, contrató a una “tía” por cada tres niños, algo que distamucho de otros lugares donde llega a haber una especialista por cada 10 párvulos.
Pero sus 11 horas diarias de trabajo y su dedicación por completo no eran suficientes. “Hubo algo que me superó. Los niños siempre estaban melancólicos, tristes. Era algo que conversábamos con el equipo, lloraban mucho y, cuando ya se acostumbraban al lugar, después no querían irse con sus madres. No había placidez en ellos. Lo más curioso es que era algo que no se daba con los más grandes que iban al jardín”, dice.
Hace seis años, cuando tenía 61, decidió que era tiempo de terminar su labor como educadora. Al menos en el día a día. Después de criar a sus tres hijos y de trabajar incansablemente, vendió el jardín y se fue a su casa. Pero no se quedó tranquila. La idea de que los niños siempre estaban melancólicos, rondó su cabeza como una obsesión imparable, que tenía que resolver en algún momento. Y decidió buscar la respuesta.
Sus conclusiones son tajantes: las madres son irremplazables. Las salas cuna son dañinas. El postnatal debiera ser de dos años. Estas ideas las expuso en su libro ¿Dónde Estás Mamá?, publicado recientemente por Catalonia."
Para quienes les interesa el tema, les dejo estos interesantísimos y hermosos artículos del blog "contacto Nutritivo": :
http://masajeinfantil.bligoo.com/content/view/695757/Honremos-a-nuestros-hijos.html#content-top
http://masajeinfantil.bligoo.com/content/view/622899/Nutricion-emocional.html#comment-1079933















Este tema ha sido mi caballito de batalla ...
latoso ser autoreferente, pero haré una escepción esta vez. Cuento corto : me casé ya titulada de Ed. de párvulos. Trabajé como tal muy poco tiempo ... llegaron los hijos ...y tomé la opción de criarlos, educarlos y formarlos (en ese mismo orden). Nunca sentí que, a pesar de ser una decisión voluntaria, yo "dejaba de lado" o "sacrificaba" mi cuento profesional. Así lo quise...y así lo hice...de la mejor forma posible, con todo el amor de mamá, nunca refunfuñando (como lo escuché de la mía) y conciente que era lo mejor , para todos. El cuento me fue gustando (con sus sinsabores tbn) y nunca volví a trabajar "fuera de casa". Y mi respuesta al qué haces? siempre fue: soy mamá. Claramente tbn una es un poquito de varias especialidades (doctora-meika, chef, ing. comercial, asistente social, jardinero, med. veterinario, etc)...pero lejos....verlos hoy todos unos hombres de bien, felices, tomando vuelo solos, me llena de orgullo. Siento una gran admiración por aquellas que deben trabajar a dos bandas, y sé q eso no tendrá fatales consecuencias, pero en mi interior, queda un sabor a miel cuando pienso y miro el pasado. Más encima, ya que estos pajaritos empezaron a volar....yo vuelvo este año a la U a estudiar Psicología...que tal? y lo hago feliz y convencida que fue en el mejor momento.
Un abrazo Ardilla, y sé q un buen amigo escribirá la otra parte de la moneda.Byeee
María Isabel
Fuiste una mujer muy valiente al decidirte a ser mamá en todo el sentido de la palabra, y también valiente ahora que te incorporas al mundo universitario para realizarte en otras facetas más académicas. Tengo una hermana que también pudo estudiar una profesión luego de haber sido mamá por varios años, y ya se está titulando.
Yo creo que la sociedad que delega la crianza de sus hijos a terceros, y lo acepta y lo promueve y lo celebra, de alguna manera se vuelve enferma. Se desnaturaliza, pues nuestro instinto de madres es estar con nuestros hijos, y el instinto y la felicidad de un hijo es siempre estar con aquel ser que más lo quiere.
Gracias por tu honesto testimonio de vida.
Cara de Ardilla