
Por Doña Cocoroca

Es ya conocido por medio mundo, que los hombres escapan del compromiso como si vieran al mismísimo satanás.
¿que las mujeres también escapan? ¿que no todos los hombres son así?
Quizá un pequeño porcentaje, pero la regla es que el hombre siempre se resiste, cual el gato en el agua, al compromiso. Aunque claro, a veces lo logra y otras veces no.
Cuando los amigotes se ríen de su compañero al enterarse que éste se puso de novio, le dicen burlones "pisaste el palito", como si el pobre infeliz hubiese metido el pié en la trampa, como si hubiese caído en una vieja y conocida treta.
Otra forma en que se manifiesta este temor masculino es en el famoso dicho "andai con el vestido de novia en la cartera" que curiosamente no tiene su equivalente en versión masculina, y donde queda clarito que es la mujer la que busca el compromiso como si fuera el gran objetivo de su vida, la gata que quiere atrapar a su ratón de cola pelada.
Los hombres no solo rehuyen del matrimonio, sino que aprietan cachete ante la sola palabra noviazgo, pololeo, e incluso pareja.
¿Pero cómo llamaríamos entonces a una relación en donde hombre y mujer solteros (separados o viudos) se juntan por propia voluntad, se llaman, se necesitan, se ven de manera frecuente, hay besos, abrazos, caricias y otras cositas más ricas, donde hay cariño, afecto y amor?
Acaso eso no es una relación de pareja? Claramente no es amistad.
¿Cual es la tranca entonces de nombrar a la mujer amada como pareja, polola o novia?
¿Porque una simple palabra comienza a apretarles el cuello y estrangularlos hasta sacarles los ojos como huevo frito?
Ellos se justifican con palabras bonitas: "para que ponerle nombre a esto tan maravilloso que hay entre ambos, dejemos que fluya, para que ensuciarlo con definiciones"....
Bah! Pura cobardía.
Algunos deben sentir tontamente que su imagen de macho seductor de mujeres se transforma en ñoñito mamón solo por reconocer socialmente que están enamorados o entusiasmados con alguien.
Otros deben tener la absurda superstición de que una vez que la relación ha sido nombrada como tal (por ejemplo como pololeo), ya no podrán salir de ella, casi como si hubiesen nombrado un conjuro, algo asi como "Abracadabra, ya me atrapó esta cabra ".
A mi hombre, con quien llevamos varios años juntos, lo tuve que atrincar, ponerlo contra la espada y la pared.
En aquella época solo llevábamos dos meses saliendo, tiempo suficiente para que se decidiera a nombrarme como su pareja.
Yo me iba de vacaciones a otra ciudad, y no estaba ni ahí con serle fiel a quien no era nada mío.
Así que me la jugué y le dije: " O somos pololos o esto se acaba aquí".
Se complicó entero, y luego de dar algunos aletasos y pataleos en el agua, se dio cuenta que después de todo no era tan terrible ponerse a nadar.
En el fondo aquello del pololeo significaba (y a él también le convenía) sernos fiel mutuamente, esperarnos y respetarnos en nuestra ausencia.
Al menos en mi caso dio resultado. Ante el temor de perderme, a regañadientes me dijo "bueno ya", y me nombró como su polola y reina.
Y tanta alaraca para que finalmente fuese él quien más entusiasmado quedaría.
Me presentó a toda su familia, me llevó a cuanto convite había, me lució como un pavo real con sus amigos, en el matrimonio de una prima me hizo pasear por todas las mesas saludando.
Le agarró el gustito y cachó que se estaba perdiendo de algo que en verdad disfrutaba....tener esa tan temida e in-nombrable "relación de pareja".

























eterno
Esta discusión es eterna... ponerle o no ponerle nombre a una relación.
Comprometerse o no comprometerse.
Quizas mi experiencias son raras, pero recuerdo a una "polola" en la U. Anduvimos como 4 años y era ella la que no quería ponerle nombre, que "estamos mejor así", que "para qué si no hay diferencia", que "para que necesitamos que los demas sepan lo que tenemos" y un largo etc... El dia que le pusimos nombre comenzó el desastre, todos sabían lo nuestro pero ahora de pololos no había que contarselo a nadie... fue de lo mas raro, de ahí todo vino en menos, hasta que se encontró un reemplazo de mi que le exigía menos compromiso. Plop!!! Asi es que no me digan que es algo masculino.
Mi siguiente pareja, que desde el primer beso queria ser polola, a los pocos meses al pasar por una joyeria quería probarse un anillo... ´plop!! Eso duró lo que duró... y un día se fue con un candidato a cura
Ahora estoy amarrado de las gonadas por decir a todo que si y amen a todo... jejeje... asi es la vida. Extraño ese escaso compromiso, podía leer mis libros tranquilo, disparar de vez en cuando, ver las peliculas que me gustan y no esas romanticonas que me dan escosor. En fin, asi es la via del compromiso, ser menos para ser mas.
Hola Sergio
lo paradójico de extrañar la época de soltería es que uno mismito quiso estar en un compromiso. Es como no querer perder ni pan ni pedazo. Aunque entiendo a lo que vas, lo que en el fondo extrañas es tu tiempo de ocio (no quise decir tiempo libre, ya que suena como si la libertad se perdiera, y no es necesariamente así).
¿Finalmente, qué es comprometerse? para mi no es otra cosa que serle fiel a un otro.
Saludos:
Doña Cocoroca
Sin pan ni pedazo
Wajaja, tu pololo pisó el palito :P
Muchas princesas se quedan sin su sapo y muchas brujas consiguen su príncipe quizá a punta de ultimátums cuando no queda otra, por eso sólo las brujas que se atrevan podrán pasar a la siguiente fase, como parecen sugerir varios títulos similares de moda (que aún no leo).
Probablemente el hombre que no quiere perder pan ni pedazo siente que al restringirse a una pajarita, deja volar las otras 100, pues habiendo tantos peces en el mar ¿Por qué conformarse con menos?
Si hace un tiempo ya sugerías lo fome que puede ser y las consecuencias que podría tener quedarse "amarrado"...
La mujer que se la juega podría salir ganando y decir "prueba superada", pero si los dados del destino no la favorecen o juega mal sus cartas, podría quedarse sin pan ni pedazo.
¡Juegue!