Tiernecita de jezmar

La Anita es una prima con la que jugábamos mucho en la infancia. Amorosa la cabra, risueña, tenía una sonrisa de oreja a oreja como una cascada de dientes blanquísimos casi neónicos que contrastaba con su piel morenita. Flaquita, bien chilena.
Resulta que Anita era inteligente la tontona, a rabiar, estudio y estudio y saco beca para irse a Europa y nunca más volvió. Resultado, me llega un parte de matrimonio de Anita.
Miro la foto del parte con la foto de los novios, la miro de nuevo, otra vez ¡Tremendo mino!!!!!!!!
Se casa la Anita, se casa con un Holandés que se ve más feliz que los porotos al lado de su morenita simpática de risa neónica. La suerte de la tontona, el tipo es como Mel Gibson joven y más grandote. Es más impactante que el impacto. Y vuelvo a pensar lo mismo de siempre:
¿Qué hacen las morenitas simpáticas metidas en chile?
¡Váyanse, cabras de porquería, lesas! Partan a la conquista de esos tipos que no darían ni un peso por las que aquí se consideran minas. Déjenselas a los chilenos feos, ¡Allá esta la papa!
Hagan lo que sea que tengan que hacer, si no consiguen becas, cómprense un chancho de greda ahora mismo y pónganle monedas como desaforadas. Es que si ustedes supieran lo que allá les tocaría no la pensarían ni un segundo.
¿Qué será eso de ser exótica? Acá en chile una es más común que la alcantarilla tapada, más común que el súper ocho, peor que la fila del banco, hay por doquier, no hay nada de exótica presencia en una morena, flaquita, chiquitita.
Pero allá, buf, allá es la morenaza, la Venus Latinoamericana, la Amazonas, La princesa Inca, arrasa por las praderas Europeas de paliduchos gigantes que están hartos de rubias locas y descoloradas.
Y no es que allá no hayan trigueñas, hay rubios y trigueños, lindos para uno, pero no, la trigueña tampoco le gana a la chicoca de nuestras tierras.
También nuestro Hombre Chileno, morenito, amoroso, bajito, bueno pal pan, encontraría allá varias Helgas de dos metros dispuestas a hacerlo rechupete. Más encima allá les gusta la onda Don Juan Latino y las paterías que aquí ya nos conocemos al revés y al derecho allá se las comprarían todas. “Mi reina, mi princesa, mi cielo, eres tan especial, me encantan tus ojos”, pucha, la Helga no daría más de felicidad con tanto rebalse de piropos añejos.
La belleza más refinada no siempre le gana a lo exótico, es otro parámetro, me alegro que la Anita haya encontrado un Minotauro como ese, en realidad, era de esperar en todo caso, siendo una chilenita en Europa.














si
una muy buena amiga ariqueña con hermosos rasgos aymara, paso años buscando su media naranja, y le llegaban puros bodrios chanta.
Yo le decía lo que tu planteas, que se buscara un extranjero.
Un día tomando una cocacola en un local, la Isa se acordó de mi y le hizo ojitos a un rubio gigantón de larga melena. Final de la historia, está casada en Canadá y con un hijo maravilloso.
No es mito el asunto, es pura verdad.
Doña Cocoroca