
Por Doña Cocoroca

Me encontraba en la ingrata labor de lavar la loza, cuando siento un grito horroroso de mi esposo que exclama: " ooooh, tení la media guata!! "
El solo grito ya me hizo saltar de susto, más aun cuando analicé sus palabras.
Efectivamente yo andaba hinchada como sapo, con los días "R" que hinchan todavía más, me encontraba en una posición ultra-relajada con la guata hacia adelante e inflada con aire como siempre respiro (mala costumbre) y con un chaleco con cinturón corte imperio que me ponía por primera vez y que me regaló una amiga porque ya no lo usaba (ahora entiendo porqué lo desechó).
Ayyyyyyy, exclamé.... y traté de justificarme argumentando mil cosas, pero seguir hubiese sido patético, él escuchaba por respeto pero su cara decía que nada iba a cambiar su impresión, la sentencia ya estaba escrita pues lo había comprobado con sus propios ojos (para un ateo escéptico esa visión empírica no tiene vuelta atrás), para él yo simplemente me convertí derrepente en guatona.
Me prometí meterme en la cabeza y entender de una vez por todas que no basta que una ropa te quede buena para ponértela, tanto o más importante que la talla es el modelo, el corte, el diseño, que estos sean adecuado para tu particular forma de cuerpo. "Debe ser el modelo de este chaleco nuevo", le dije bastante avergonzada, a lo que mi esposo contestó: pareces embarazada, y el cinturón no tiene sentido que lo uses ya que no tienes cintura.
Oye!! te juro que no he subido de peso, le dije algo molesta por la crudeza de sus palabras. Y era cierto. Más aun, hasta había bajado un kilo. Que injusto.
El siguió escribiendo sus correos en el computador como si nada. En un principio no sabía si reírme, enojarme, ponerme triste, u otra alternativa. Finalmente la risa interior me surgió de forma espontánea, pero con una mezcla de introspección.
Quedé tranquila pues sabía que la pesa no mentía y que si bien no estaba en el peso ideal y hace tiempo que me gustaría bajar algunos kilos, tampoco me encontraba más gorda que antes, por lo menos en varios meses.
Pero el peso o la gordura no es el tema. La situación anterior me hizo pensar en que si esto hubiese sucedido hace unos años atrás, seguramente le hubiese armado el medio escándalo por lo cruel de sus palabras, y seguramente me hubiese sentido infinitamente dolida y hubiese llorado toda una semana.
Pero no ocurrió así, algo había sucedido en nuestra relación, algo positivo diría yo, que me hacía tomar las cosas con naturalidad. Yo sabía que a pesar de lo drástico de su sentencia, él no había dejado de quererme o desearme.
No significa que mi amor propio o ego no se sintiera afectado, pero su comentario no fue más que eso, una opinión honesta dicha con la franqueza que usaría con un amigo, y no representaba en ningún caso un insulto o una falta de respeto.
Creo que a través de los años, después de mucho discutir por su falta de tino y delicadeza, por su honestidad que en varias ocasiones califiqué de cruel, característica que mostró desde que nos conocimos , finalmente parece que ambos hemos aprendido algo del otro.
Debo reconocer que ha cambiado bastante y son pocas las veces que tiene salidas como esta, diría que en general sabe que actitudes pueden herirme....sin embargo es una tendencia y una característica que puede esforzarse por pulir, pero nunca eliminar.
Pero por otra parte yo también he aprendido a conocer su forma de expresarse, he aprendido a interpretar sus intenciones que no siempre quedan en evidencia, incluso he aprendido a tomar con humor aquello que en otro momento me hubiese herido. Para mi llega a ser chistoso el grado de desubicación que tiene.
Lejos de achacarme, su actitud desubicada me dejó un bonito pensamiento.















Se llama
Eso se llama, ser pareja...
:)
si