

Por Doña Cocoroca
Siempre había escuchado a las personas que han viajado a diferentes partes lejanas, llegar diciendo que tuvieron que aguantar gente muy hedionda, quizás por el tipo de alimentación típica, e incluso dicen que por una cuestión racial (en todo caso este último argumento me parecía bastante racista, pero reconozco mi ignorancia en el tema desde un punto de vista biológico, además aun no viajo muy lejos de Chile para hablar con propiedad).
Pero hace unos días experimenté la sensación más aterradora que me ha tocado vivir en un avión nacional, no exagero si digo que fue lo peor que me ha pasado en la vida en materia de olores.
Estaba yo sentada en el lado de la ventana con mi pequeña hija en la falda, disfrutando de su primer viaje en avión, cuando derrepente se sentó a mi lado un hombre de apariencia latina pero que no hablaba español (lo supe porque las azafatas se lo preguntaron). En ese momento fue como si me hubiesen dado una cachetada putrefacta.
Comenzó a salir un olor a axila realmente indescriptible. Y no me refiero a alguien que se le olvidó echarse desodorante y fue al gimnasio, no. Era un olor realmente insoportable, me dieron ganas de vomitar, de hacer arcadas, nada de lo que diga graficaría ese olor.
Miré a las azafatas como pidiéndoles auxilio, pero ellas me devolvían otra mirada como diciendo "no podemos hacer nada". Mi hija pequeña comenzó a volverse más inquieta. La gente de los asientos contiguos comenzó a murmurar.
Transcurridos un par de minutos subió al avión una señora rubia media cuica a la que le tocaba el asiento del otro lado del hediondo al lado del pasillo, o sea, el hediondo quedaba entremedio de las dos (esos aviones LAN tienen filas de tres asientos).
La señora me miró, yo la miré, ninguna habló pero con la mirada nos dijimos todo. Ella se paró rápidamente y no volvió más. Luego llegó un guardia de seguridad hablando por woki toki (asi se dice?) quien le pidió al hediondo (perdonen pero nunca supe su nombre) en inglés si podía ser tan amable de cambiarse de asiento.
Hasta ahí todo bien, me dio algo de pena de que el señor pudiera sospechar lo que estaba pasando y sentirse mal, además iba con un gorrito de Chile en la mano. Pero a la vez estaba inmensamente aliviada de que lo sacaran de mi lado. Puedo asegurar que ese no era un olor ni de alimentación especial ni nada. Ese era olor a persona que no se ha lavado las alas en un mes y que no conoce la palabra desodorante.
Mi hija y yo quedábamos con tres asientos disponibles. El avión aterrizó en otra ciudad y comenzó a subirse más gente hasta que el avión se llenó y no quedaron asientos vacíos salvo los de mi lado. Nuevamente ingresó un guardia de seguridad, algo pasaba que el avión no partía, llevábamos de retraso casi 30 minutos.
Al cabo de unos segundos volvieron el hediondo y la señora cuica. Había sucedido que la gente sentada junto al pasajero hediondo reclamó y exigió que lo sacaran, así que lo tuvieron que devolver a su asiento original junto con la señora rubia. Pero la señora comenzó a reclamar diciendo que no se iba a sentar al lado del hediondo, que no lo podía soportar. Entre todo el personal del avión le explicaban que no se podía hacer nada, que era ilegal bajar al pasajero del avión pues significaba discriminación, y le ofrecieron que se bajara del avión y que tomara el vuelo siguiente. Ella no podía porque tenía compromisos impostergables ... la señora a esas alturas estaba casi fuera de control y con un pañuelo cubriéndose la nariz.
En resumen, tuvimos que quedarnos ahi con el hediondo por dos horas y media. Y como la señora se resistía a sentarse a su lado, yo me senté al medio y lo dejamos en la ventana, y nos fuimos conversando todo el camino intentando olvidar el olor y haciendo un trabajo mental profundo, casi como esas personas que soportan el dolor con la mente.
Creo que me saqué la lotería de la mala suerte, de todo el avión fui la única que tuvo que sentarse al lado (rozando brazo con brazo) de este señor. Para colmo el pasajero cada cierto rato levantaba el brazo para estirarse y lo dejaba encima del respaldo del asiento de adelante. Yo ahí sentía realmente que me iba a desmayar. Y lo que más pena me daba era mi bebita que estaba especialmente intranquila.
Al final y como para que desahogaramos nuestra rabia, las azafatas nos dieron un papelito para escribir nuestro reclamo, dudo mucho que sirva de algo. Me lo llenó la señora rubia pues yo estaba con mi hija en brazos. Cuando lo leí me di cuenta que la señora se había referido al pasajero en los términos "tóxico", "repugnante" y cosas así, pero igual lo entregué pues quien sabe si nos regalaban un pasaje o algo asi. Mínimo digo yo, por haber sido sometidas a esa verdadera tortura.
Como reflexión me queda la siguiente duda....la discriminación es solo hacia un lado? Y nosotras acaso no fuimos también discriminadas de alguna forma? Fuimos obligadas a aguantar, a soportar un olor realmente horroroso, pues la hediondez no es un delito. Quizás existe un vació legal en este sentido, pues el hediondo era intocable, nadie podía proponerle bajarse del avión, a diferencia de lo que ofrecieron a la señora rubia.
Créanme que no era un olorcillo, como quien se tira un peo al lado, o un eructo después de una empanada con cebolla. Esto era verdadera hediondez. Insoportable hediondez. ¿Había alguna salida para nosotras?















Ufffff
Es verdad lo de la comida y no tiene nada de racista en ese sentido. Simplemente en otras latitudes los aliños son tan fuertes que se sienten "a flor de piel".
Respecto al energúmeno, los hay por montones, por suerte en Chile CASI no hay, pero en España o Francia sí y se sienten a metros de distancia, es como si un aura los rodeara. En el metro y las calles la gente les hace el quite y ellos por la vida como si nada.
En tales casos no queda más que estar a favor de la discriminación. Pésima política de la aerolínea, ¿qué menos podría esperarse de LAN?
Ayudándola a sentir... (figurativamente hablando of course)
olores
lo más terrible es cuando el olor es identificable por completo, y en este caso era exclusivamente a falta de higiene..... se podrá algún día legislar sobre los olores para proteger a posibles víctimas de las torturas olfativas?
Doña Cocoroca