

Por Doña Cocoroca
Esta historia le pasó a mi hermana, y es digna de ser compartida como una más de las historias de buses.
Luego de un largo trayecto en la incómoda butaca, el estómago de la Sra. M comenzó a hacer ruidos y retorcijones peligrosos, pronto comprendió con espanto que aquello parecía ser una colitis de las peores. Recordando las sabias enseñanzas de su hermana mayor que ya había vivido momentos similares aunque menos trágicos, esperó que la situación fuera más apremiante y cuando no quedaba duda que debía evacuar, fue al pequeño baño del bus con el único envase que tenía, una pequeña bolsa plástica.
Hizo lo que tenía que hacer con hábil maestría, la bolsa quedó llenita de algo que a esas alturas era líquido y café. Ahora el único problema era que no podría tirar por la ventana la bolsa, pues el bus tenía el baño al medio, y como era de día mucha gente podría ver como desde el baño volaba por los aires una asquerosa colitis. La decisión era simple, o la guardaba en la cartera o la tiraba al basurero, la respuesta era obvia…al basurero.
Hasta allí la historia tenía un final feliz, sin embargo la colitis volvió a hacer de las suyas y el llamado de la naturaleza volvió a hacerse presente con urgente premura. Ya no había tiempo para idear nada, así que con el sudor helado y apretando hasta los músculos de las axilas corrió donde el joven auxiliar y le dijo con voz desesperada: Señor, tengo una colitis espantosa, tenemos dos opciones: o detiene el bus o me cago aquí mismo.
El hombre quedó petrificado por un momento, pero viendo el rostro suplicante de la Sra. M se dirigió donde el chofer, habló unas pocas palabras, y luego retornó donde ella diciéndole:
"Mire, tenemos dos opciones: la primera es que se aguante los 10 minutos que faltan para llegar al próximo pueblo donde hay baño, si aprieta cachete se evitará la opción dos, que es detener el bus y ponerse a cagar al lado del vehículo donde toda la gente le mirará el poto."
La Sra. M lo dudó, a esas alturas la desesperación no la dejaba pensar con claridad, sin embargo parece que sus rezos y oraciones dieron efecto en el momento preciso y sacando fuerzas de su más onda espiritualidad logró aguantar estoica los 10 minutos que la separaban de la más espantado humillación.
Y bueno, fue un final feliz…ahora, lo mínimo sería prenderle una vela a los santos por el favor concedido.















La Buena Digestión
Ptas que me río, pero más aún porque conozco la historia de cerca.
Tengo muy buena digestión, lo cual puede ser una bendición y una maldición a la vez. Por un lado, puedo comer tanto como quiera sin temor a engordar ("raza maldita" nos llaman), pero por otro lado, no puedo alejarme demasiado de un baño.
Las tallas fomes son precisamente estando manejando, con más gente y HAY que ir urgente. La desesperación hace tomar medidas extremas como las que ya contabas.
Buena historia.
Saludetes!
Una vez
Ya sean gordos o flacos, los hombres más que las mujeres gozan de buena digestión, jeje.
Una vez viajamos toda la familia en auto por Chile, y sobretodo en los largos trayectos del desierto tuvimos que parar en medio del camino para hacer las necesidades, pues faltaba mucho para el próximo baño. En una oportunidad no me quedó otra que hacer pipí a un costado de la carretera, y como era de día y los autos pasaban uno tras otro, preferí taparme la cara, total nadie iba a saber de quien era el poto, jaja.
Con el tiempo aplicamos creatividad y llevamos una caja grande de cartón desarmada que se transformó en un improvisado baño portatil donde si te agachabas bien y te metías en la caja, solo se te veía la cabeza, aunque siempre estaba el riesgo de que viniera un viento fuerte y se llevara la caja.
Saludos Cocorocos, y me alegra verte denuevo por estos lados.